Revolotea, mariposa, estampándose contra los cristales fríos de noviembre. El encierro le hace daño, se quita los calcetines y se tira en la alfombra felpuda con los pies hacia el cielo, moviendo los dedos al compás de la música nórdica. La vida parece transcurrir en un fast forward dopado. Ya debería de saber quien es para estos momentos, pero no le apetece pensar demasiado. Se siente el piquito del iceberg, y debajo de las aguas cristalinas alcanza a deslumbrar una inmensidad que le parece imposible. Por un momento se queda quieta y se pregunta a qué viene a cuento tanto trajín trabajador si nadie ve las bandadas de pájaros que dibujan historias connect-the-dots en el cielo gris.
¿Acaso nadie tiene ganas de descubrir cuál es el tema? ¿Acaso nadie tiene tiempo de colorearlos?
lunes, noviembre 09, 2009
miércoles, noviembre 04, 2009
Los once.
Qué te digan india es un insulto: un calificativo que denota ignorancia, pobreza, inferioridad. Traer el nopal pintado en la frente y la piel tostada por el sol es una maldición, un símbolo de minusvalía. Pues no estoy de acuerdo.
Los indígenas son menos, pero no pocos. Si, un 11% de la población podrá ser poca cosa en un país más pequeño, pero en México ese once representa a por lo menos doce millones de personas (mas o menos la población total de Tokyo, para que lo imaginemos). Es impresionante, y triste, si pensamos que hace apenas 200 años los indígenas eran el 60% de la población total del país.
Su cultura no está extinta. No fueron un conglomerado de razas sumisas, aceptando con las cabezas gachas el predominio blanco. Lucharon. Siguen luchando. Cortaron sus cabezas, incendiaron sus ciudades y plantaron crucifijos sobre sus altares. Pero no pudieron silenciar sus voces. Yaquis, mixes, mayas, rarámuris, zapotecos, EZLN... rebeliones las hubo, las hay, seguirán, puesto que la cultura sigue ahí. Sus creencias no se han esfumado en el aire: creerán en Jesús, pero es un Jesús emplumado. En el fondo de su alma, el indígena le habla a esa fuerza primigenia, pues no importa de qué la disfrace. El sincretismo es algo típicamente mexicano, es algo que ya formaba parte de su pluriculturalidad. Y aquí no había una sola raza. Había centenas de lenguas, culturas, reinados. Hoy quedan aún pequeños reductos de cultura, comunidades que transmiten sus tradiciones, van por la vida con la bandera de su identidad en alto. Son pocos, pero están ahí. Y me siento orgullosa de pisar el mismo suelo, al tiempo que avergonzada por no conocer su idioma, que era el mío.
Desde acá, me parece una barbaridad. El euskera lo hablan 850,000 personas. El náhuatl cuenta con dos millones y medio como población étnica. Y sin embargo acá veo regadas por todos lados escuelas de euskera, todo es bilingüe, se hacen esfuerzos por conservar la lengua, no dejar que muera. Por eso bravo por que se enseñe náhuatl en las universidades, bravo por que Marcelo Ebrard haya convertido el náhuatl en asignatura obligatoria en las primarias de gobierno del DF.
Y si esto te parece ridículo, llámame india: a mi me llena de orgullo.
Los indígenas son menos, pero no pocos. Si, un 11% de la población podrá ser poca cosa en un país más pequeño, pero en México ese once representa a por lo menos doce millones de personas (mas o menos la población total de Tokyo, para que lo imaginemos). Es impresionante, y triste, si pensamos que hace apenas 200 años los indígenas eran el 60% de la población total del país.
Su cultura no está extinta. No fueron un conglomerado de razas sumisas, aceptando con las cabezas gachas el predominio blanco. Lucharon. Siguen luchando. Cortaron sus cabezas, incendiaron sus ciudades y plantaron crucifijos sobre sus altares. Pero no pudieron silenciar sus voces. Yaquis, mixes, mayas, rarámuris, zapotecos, EZLN... rebeliones las hubo, las hay, seguirán, puesto que la cultura sigue ahí. Sus creencias no se han esfumado en el aire: creerán en Jesús, pero es un Jesús emplumado. En el fondo de su alma, el indígena le habla a esa fuerza primigenia, pues no importa de qué la disfrace.
Desde acá, me parece una barbaridad. El euskera lo hablan 850,000 personas. El náhuatl cuenta con dos millones y medio como población étnica. Y sin embargo acá veo regadas por todos lados escuelas de euskera, todo es bilingüe, se hacen esfuerzos por conservar la lengua, no dejar que muera. Por eso bravo por que se enseñe náhuatl en las universidades, bravo por que Marcelo Ebrard haya convertido el náhuatl en asignatura obligatoria en las primarias de gobierno del DF.
Y si esto te parece ridículo, llámame india: a mi me llena de orgullo.
miércoles, octubre 21, 2009
lunes, octubre 12, 2009
Agresora anónima
Quizá porque el cerebro anda captando vibraciones por el universo, o por la Gestalt que te hace querer completar el triángulo entre cosas que no tienen relación en si, pero el caso es que hoy dos veces he pensado en los anónimos. Primero hablando con mi compi de piso, y segundo leyendo la dosis de recolectivo.
La verdad es que yo he sido una agresora anónima.
No se por qué razón pero a los quince la mejor manera que se me ocurría para sacar a mis amigas de la depresión post-truene con el novio, era la clásica hueveada de la casa del susodicho. Tan creativa que soy y tan trillada la idea, ya se. Pero la verdad es que hay algo de liberador, zen y adrenalinoso a la vez, de huevear una casa. En esa época yo no creía en el karma, y era bastante de armas tomar. Además tenía aun esa amistad fiera que una siente por sus viejas en la secundaria y prepa, que luego con la vida se va diluyendo (triste, pero real) o al menos disminuyendo en intensidad.
El punto es que, en cuanto tenía a la amiga en cuestión llorando a moco tendido en mis brazos, me invadía un coraje ajeno, algo como un nobody puts baby in the corner mezclado con la creencia en mi impermeabilidad ante cualquier mal. Entonces surgía la propuesta: "Vamos a huevear la casa del pendejo". Por supuesto al principio la deprimida mostraba una renuencia a participar, una apatía típica de quien todavía está en la etapa de negación-shock-incredulidad. Mi intención era hacerlas pasar al estado de enojo, para que después de esta pequeña venganza pudieran superar los hechos, y a lo que sigue.
De los hueveamientos que realicé entre los años 1999 y 2002, todos fueron buenos, algunos diría que bastante memorables. Pero sin duda el mejor fue el de Pepón.
Mi amiga estaba deshecha, literalmente deshecha, como solo se puede estar a esa edad por una cosa tan estúpida. Había reunido todas las cositas que el tipo le había regalado, fotos, y demás cursilerías, y las repasaba y lloraba. Hizo falta que entre otras dos amigas y yo la convenciéramos de que lo mejor era exorcizarlo de su vida regresándole una caja con toda esa mierda y limpiándolo de su vida forever. Ese era el plan, maduramente entregarle la caja, decirle hasta nunca, y partir. Nosotras íbamos como mero apoyo moral. Creo que fue ya en el camino que surgió el tema de los huevos.
Paranoicas de que nos fueran a cachar, fuimos a un Oxxo lejano, compramos media cartera de huevos, y llegamos a su casa. No recuerdo la dinámica con la caja, si se la dio y ya después dimos otra vuelta, o que. El punto es que ya liberadas de la mercancía andubimos rondando la zona, hasta que la dolida y una secuaz se bajaron, y eso si, muy educaditas huevearon la cochera para que la pobre mamá del desgraciado no batallara tanto para limpiar el mugrero.
Jamás un cuarteto de vándalas ha atacado una casa de manera tan amable.
De todo esto ya ha pasado una década, y esa fue la última casa a la que le lancé huevos. En el ínter aprendí métodos más sutiles de venganza, pero ya no los uso. En algún punto me tocó ser a mi la rompecorazones, la maldita, la que se merecía la casa hueveada, asi que dejé de hacerlo. Karma is a bitch, después de todo.
La verdad es que yo he sido una agresora anónima.
No se por qué razón pero a los quince la mejor manera que se me ocurría para sacar a mis amigas de la depresión post-truene con el novio, era la clásica hueveada de la casa del susodicho. Tan creativa que soy y tan trillada la idea, ya se. Pero la verdad es que hay algo de liberador, zen y adrenalinoso a la vez, de huevear una casa. En esa época yo no creía en el karma, y era bastante de armas tomar. Además tenía aun esa amistad fiera que una siente por sus viejas en la secundaria y prepa, que luego con la vida se va diluyendo (triste, pero real) o al menos disminuyendo en intensidad.
El punto es que, en cuanto tenía a la amiga en cuestión llorando a moco tendido en mis brazos, me invadía un coraje ajeno, algo como un nobody puts baby in the corner mezclado con la creencia en mi impermeabilidad ante cualquier mal. Entonces surgía la propuesta: "Vamos a huevear la casa del pendejo". Por supuesto al principio la deprimida mostraba una renuencia a participar, una apatía típica de quien todavía está en la etapa de negación-shock-incredulidad. Mi intención era hacerlas pasar al estado de enojo, para que después de esta pequeña venganza pudieran superar los hechos, y a lo que sigue.
De los hueveamientos que realicé entre los años 1999 y 2002, todos fueron buenos, algunos diría que bastante memorables. Pero sin duda el mejor fue el de Pepón.
Mi amiga estaba deshecha, literalmente deshecha, como solo se puede estar a esa edad por una cosa tan estúpida. Había reunido todas las cositas que el tipo le había regalado, fotos, y demás cursilerías, y las repasaba y lloraba. Hizo falta que entre otras dos amigas y yo la convenciéramos de que lo mejor era exorcizarlo de su vida regresándole una caja con toda esa mierda y limpiándolo de su vida forever. Ese era el plan, maduramente entregarle la caja, decirle hasta nunca, y partir. Nosotras íbamos como mero apoyo moral. Creo que fue ya en el camino que surgió el tema de los huevos.
Paranoicas de que nos fueran a cachar, fuimos a un Oxxo lejano, compramos media cartera de huevos, y llegamos a su casa. No recuerdo la dinámica con la caja, si se la dio y ya después dimos otra vuelta, o que. El punto es que ya liberadas de la mercancía andubimos rondando la zona, hasta que la dolida y una secuaz se bajaron, y eso si, muy educaditas huevearon la cochera para que la pobre mamá del desgraciado no batallara tanto para limpiar el mugrero.
Jamás un cuarteto de vándalas ha atacado una casa de manera tan amable.
De todo esto ya ha pasado una década, y esa fue la última casa a la que le lancé huevos. En el ínter aprendí métodos más sutiles de venganza, pero ya no los uso. En algún punto me tocó ser a mi la rompecorazones, la maldita, la que se merecía la casa hueveada, asi que dejé de hacerlo. Karma is a bitch, después de todo.
Una infanta solitaria
Nuria juega a las escondidas en los pasillos del castillo. En realidad nadie la busca, por que siempre está sola. En su aislamiento se ha inventado unos compañeros de juego ambiguos y bastante volubles: monstruos por la mañana y niños del campo al siguiente, cortesanas y emperatrices, animales parlantes y gnomos con gorritos sucios. Personajes maleables al antojo de la pequeña.
Nadie le presta atención. Hace ya días que está sumida en el silencio.
Recuerda cuando, de tanto en tanto, alguien atravesaba su pequeño reinado de pasillos y le pasaba una mano distraída sobre la cabeza. En realidad, el reino está sumido en la guerra, y nadie ha tenido tiempo de preocuparse de la pequeña, última en la línea al trono después de su larga línea de hermanos mayores. El palacio entero abandonado, bañado de sombras calladas.
El pueblo la llamará Nuria Penurias, pero ella aún no lo sabe.
Nadie le presta atención. Hace ya días que está sumida en el silencio.
Recuerda cuando, de tanto en tanto, alguien atravesaba su pequeño reinado de pasillos y le pasaba una mano distraída sobre la cabeza. En realidad, el reino está sumido en la guerra, y nadie ha tenido tiempo de preocuparse de la pequeña, última en la línea al trono después de su larga línea de hermanos mayores. El palacio entero abandonado, bañado de sombras calladas.
El pueblo la llamará Nuria Penurias, pero ella aún no lo sabe.
martes, octubre 06, 2009
piromaniaca involuntaria
Debido a los pasos fantasmagóricos de la viejita de arriba (que además arriba no pude vivir ninguna viejita, porque están haciendo reparaciones en ese piso) por las noches me da miedo y tengo que dormir con la luz de noche prendida. Si, me percato de lo ridículo que es que a mis veinticinco años necesite la seguridad de una lamparita para poder conciliar el sueño, pero no me importa.
El caso es que anoche me molestaba tanta luz y coloqué la lampara en el suelo, un poco oculta por la mesita de noche. Me quedé dormida leyendo un libro de cocina española, soñando con percebes como garras de orco. Mi sueño de orcos se transformó en una verdadera pesadilla de Tolkien, con fuegos extraños y olores fétidos. El olor a averno se volvió tan penetrante que me despertó.
Y mi mesita de noche estaba incendiándose. Bueno, no con llamas, pero una gran rueda negra estaba humeando, y la madera en esa parte se había carbonizado. Al parecer esos experimentos de ciencias de una luz y una lupa son ciertos. Por mi parte, apagué la lámpara, me di media vuelta y me volví a dormir, tan tranquila.
Pero esta mañana mi cuarto olía como si el mismísimo demonio me hubiera hecho una visita.
El caso es que anoche me molestaba tanta luz y coloqué la lampara en el suelo, un poco oculta por la mesita de noche. Me quedé dormida leyendo un libro de cocina española, soñando con percebes como garras de orco. Mi sueño de orcos se transformó en una verdadera pesadilla de Tolkien, con fuegos extraños y olores fétidos. El olor a averno se volvió tan penetrante que me despertó.
Y mi mesita de noche estaba incendiándose. Bueno, no con llamas, pero una gran rueda negra estaba humeando, y la madera en esa parte se había carbonizado. Al parecer esos experimentos de ciencias de una luz y una lupa son ciertos. Por mi parte, apagué la lámpara, me di media vuelta y me volví a dormir, tan tranquila.
Pero esta mañana mi cuarto olía como si el mismísimo demonio me hubiera hecho una visita.
lunes, octubre 05, 2009
La sonrisa de una niña hermosa
La sonrisa de una niña hermosa me recordó que lejos de cada persona, lo más lejos posible, se encuentra otra pasmosamente idéntica, pensando exactamente lo mismo: pero jamás se encontrarán. Seamos sinceros, en este mundo, la verdadera felicidad no existe.
jueves, octubre 01, 2009
La caída de las hojas
Hay algo de sensual en el otoño. Caen las hojas y me dan ganas de desnudarme los hombros, enrollarme una bufanda al cuello y unos brazos alrededor de la cintura. Es todo el ritual otoñal lo que me mueve: el olor a café, el aliento frío de octubre en mis mejillas enrojecidas, los ancianos deambulando por las tardes. En verano estar sola es delicioso, pero cuando baja la temperatura quiero cobijas y buena compañía.
Abro las ventanas, dejo que se meta el frío y revolotée los papeles en mi habitación. Por lo pronto me tendré que conformar con Chris Cornell y su voz extremadamente sexosa acariciándome el cuello.
Abro las ventanas, dejo que se meta el frío y revolotée los papeles en mi habitación. Por lo pronto me tendré que conformar con Chris Cornell y su voz extremadamente sexosa acariciándome el cuello.
martes, septiembre 29, 2009
instantes: Noa
"Buenas tardes, sol", pensaba Noa mientras giraba descalza bajo los cerezos. Su falda rosa parecía una flor de sakura más, cayendo con gracia de los árboles. "Buenas tardes, perrito extraño" mientras éste le veía los calzones. "Buenas tardes, briznas de pasto" plaf, plaf, plaf, aplastadas. "Buenas tardes, señor de los helados. Deme una paleta azul, por favor". Y Noa se fue goteando azúcar colorida sobre las banquetas vírgenes.
miércoles, septiembre 23, 2009
Fantasmas en pantuflas
Todas las noches a las tres am me despierta el ruido de unos pasos. Primero los oía dentro de mi habitación, después pensé que era la lluvia estrellándose suavemente contra la lona del solario, y luego llegué a la conclusión de que hay una viejita que vive en el piso de arriba y todas las noches a esa hora se para a hacer pipí.
Los seres humanos somos animales de costumbres.
A veces despierta ella primero, a veces yo. Normalmente me despiertan sus pasos, pero hay ocasiones en las que de pronto abro los ojos, enciendo la lámpara de noche y veo el techo, hasta que la escucho deslizándose cansinamente y me vuelvo a dormir.
La hija de puta está partiéndome la noche en dos.
Los seres humanos somos animales de costumbres.
A veces despierta ella primero, a veces yo. Normalmente me despiertan sus pasos, pero hay ocasiones en las que de pronto abro los ojos, enciendo la lámpara de noche y veo el techo, hasta que la escucho deslizándose cansinamente y me vuelvo a dormir.
La hija de puta está partiéndome la noche en dos.
viernes, agosto 28, 2009
La camaradería estúpida de los borrachos
Éramos demasiado perfectos. Todo nos parecía sumamente fácil. De día íbamos a clase, nos sentábamos juntos, reíamos de los que miraban al maestro con seriedad funeraria. Todo nos parecía un juego, todo era un juego. Con tu energía inacabable, mi verbosidad mareadora y nuestra acumulada creatividad, dominábamos el mundo. De noche éramos dos gatos, clichéicamente cierto, pero sin la gracia silenciosa de los felinos. En éso eramos bombo y platillo, dos cacharros risueños que se bebían la vida cada puesta de sol. Bailábamos, cantábamos, eramos siempre los primeros en llegar y los últimos en marcharse de cualquier fiesta. Terminábamos en la cama, torpes y rendidos, donde sólo nos abrazábamos con la camaradería estúpida de los borrachos y caíamos inmediatamente en un sueño profundo.
jueves, agosto 27, 2009
Lipograma
"¡Espérame!", me llamó, pero no me detuve. La noche esta cerca y me embargan unas ganas tremendas de estar sola. El paraguas es capaz de mantenerme seca del pantalón a la cabeza, pero las calcetas se mojan a cada paso. Me desagrada tener agua dentro de los zapatos, pero qué se le va a hacer. Aveces nada.
Solo deseo estar sola, a toda costa, sola andando de noche a casa. El paseo es otro tan pronto se apagan los rayos del sol. Desconozco las calles que observé en la mañana, me parecen otras. Me da un poco de temor, me gusta. Sueño que una persona avanza con pasos callados detrás de los que yo voy marcando, pero solo es el eco. O al menos, eso creo.
"Ana, estás loca" me regaño, "¿Por qué querer que de noche un extraño juegue a esconderse a tus espaldas?" Recuerdo el montón de veces que esto ha pasado, la vez que pude observar algo, la sombra de una sombra entre los árboles. Pero ya veo la reja de la casa, se que he llegado, salva, eso, sana no sé, estoy hecha una sopa, puede ser que mañana tenga tos, que mañana ya no juegue a ser la presa...puede ser que mañana sea cuando me atrape.
Solo deseo estar sola, a toda costa, sola andando de noche a casa. El paseo es otro tan pronto se apagan los rayos del sol. Desconozco las calles que observé en la mañana, me parecen otras. Me da un poco de temor, me gusta. Sueño que una persona avanza con pasos callados detrás de los que yo voy marcando, pero solo es el eco. O al menos, eso creo.
"Ana, estás loca" me regaño, "¿Por qué querer que de noche un extraño juegue a esconderse a tus espaldas?" Recuerdo el montón de veces que esto ha pasado, la vez que pude observar algo, la sombra de una sombra entre los árboles. Pero ya veo la reja de la casa, se que he llegado, salva, eso, sana no sé, estoy hecha una sopa, puede ser que mañana tenga tos, que mañana ya no juegue a ser la presa...puede ser que mañana sea cuando me atrape.
miércoles, agosto 26, 2009
El silencio está Out.
El escudo moderno es sin duda el celular. Eso, o el iphone. Nos dan licencia para sentirnos menos ridículos de estar solos. Encontrarse solo y sin escuchar algo se ha vuelto inaceptable. Nos hemos convertido en una sociedad de inalcanzables. Tener los casquetes puestos es una desinvitación, un mantener cierta distancia. Nadie se queda quieto en una sala de espera sin mandar un mensajito, jugar algo, picar algún botón, cerrar los ojos. No queremos saber del mundo más de lo que decidamos escuchar. Somos autistas por elección propia.
martes, agosto 25, 2009
Instrucciones para deprimirse
Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro, usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.
Julio Cortázar
Piensa en el desierto, piensa en el alacrán solitario que lo cruza, venenoso insignificante. Piensa en nudos, todos los nudos enredados del mundo, y en tardes londinenses de gotas moribundas contra los cristales. Piensa por un instante quizá en todos los cafés fríos, los ataúdes llenos, las colas interminables de oficina. Considera los años sin vacaciones, las lágrimas de una virgen, las medias irremediablemente rotas. Por un segundo escucha las gargantas secas, las minas de lápices tronando, los pasos en retirada. Observa a la maestra de Keller vaciar una y otra vez agua sobre sus deditos fríos, siempre sin resultados. Piensa en el hecho de que todo el aire del planeta ya está respirado, en que toda el agua que bebes no es mas que pis de tus ancestros. Recuerda cada acción importante de tu vida y luego visualiza al alacrán diminuto, insignificante luchador tratando de cruzar la inmensidad en vano.
lunes, agosto 24, 2009
Ojos verdes reflejando flores amarillas
Un pelusiforme corazoncito de rábano se ocultaba dentro del pequeño pecho de Ramón. Y latía fuerte por Laura. Laura y su pelo de plumas de pollito, sus dientes alineados, sus cejas fuertes y sus ojos verdes. Laura en el pasto con flores amarillas, Laura en verano, Laura en Berlín. Laura que si tan solo fuera suya le podría besar en las mañanas, sin que importara el sabor a sueños pastosos y almohadas apachurradas. Y se levantarían juntos y desayunarían en la cama, todos los días, con besos revoloteados de periódico y waffles. Y Laura se reiría con esa risa de cascabeles destrampados, pandrosa pero guapa, muy guapa.
- Y tu, Ramoncito, ¿Te has enamorado alguna vez?
- ¿Yo? Qué te pasa...¡Nunca!
- Y tu, Ramoncito, ¿Te has enamorado alguna vez?
- ¿Yo? Qué te pasa...¡Nunca!
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